LAS VACACIONES VIVIDAS
En la Sierra de Cazorla, Jaén, existe un término llamado La Nava de San Pedro y en una esquina un cortijo que los lugareños denominan el Cortijo de Abajo. Aquí el tiempo parece que se ha detenido y atrapa a quién allí se queda. No se trata de un cortijo como los que podemos ver en la televisión, o en las revistas del corazón. No hay agua corriente ni electricidad, su techo es bajo y las paredes humildes. Las ventanas son pequeñas y las puertas muy bajas. Parece como si la casa pidiese perdón a la tierra por postrarse encima de su piel, intentando no hacerle daño, acariciándola y dejándose querer.
Casi siempre la pequeña chimenea que asoma en el tejado está humeando, testigo de la experiencia que significa estar en un sitio tan especial como este, lejos del cemento y el asfalto de las ciudades. El fuego se convierte en el centro de la casa donde se cocina y se da calor al hogar. Alrededor suyo se cuentan historias, hechos y acontecimientos sin tener que utilizar ningún mando, ni cambiar de canal, ni tener que soportar las interminables series de anuncios que salpican los canales de la televisión. No hay TDT, tan en boga hoy en día, ni falta que hace y los/as vecinos/as cuando se reúnen se miran y hablan, porque saben que en cualquier momento se necesitarán.
En los alrededores, los ciervos, gamos, muflones, jabalíes, águilas, quebrantahuesos y ardillas, se dejan ver a todos/as aquellos/as que en silencio se acercan, dejando en nuestras retinas el placer de ver animales en libertad, sin tener que someterlos a la cautividad de una jaula o de un parque temático. No hay que comprar una entrada, ni hacer cola para entrar, ni hay carritos para llevar a los/as niños/as, ni hamburgueserías ni pizzerías, sólo hace falta abrir los sentidos y tener un poco de paciencia. La inmediatez del placer, tan incrustada en nuestra sociedad y que tantas insatisfacciones crea, deja paso en este lugar al reposo, la mirada perdida y las pequeñas satisfacciones que nacen de la sencillez de los actos, donde uno/a se siente protagonista y a la vez espectador/a.
En la Sierra cada rincón tiene un nombre propio. El Picón de Culo Punta, los Poyos de la Mesa, La Cerrada de Elía, La Cabrilla, La Esperilla, El Vado, Los Tornajos, La Fuente de la Reina, el Tranco del Lobo, el Barranco de Guadalentín , el Cortijo del Poyo Manquillo, La Cueva del Muerto, Los Pechos de Majal de Cándido, El Covacho de los Marranos, el Picón de la Juancubierta, el Arroyo de la Garganta….. y así hasta completar una inacabable lista de nombres que denotan el cariño que sus gentes han tenido por su tierra, bautizando cada pequeño lugar y dándole la importancia que debe de tener. Pero también en la sierra hay lugares donde la tragedia se hizo presente dando nombre a una zona. Así se cuenta que un pastor vivía con su mujer en un chozo cercano a la zona del Arroyo Frió. Muy cerca un grupo de pineros o aserradores tenían su tajo de trabajo y su campamento de chozos. Por lo que se cuenta la mujer del pastor emborrachaba al mismo y esperaba a que este se durmiera para dejar el chozo y acudir en busca de su amante aserrador. El marido, que ya debía de estar un poco mosqueado, regreso a casa antes de lo esperado y al ver que su mujer se había marchado cogió el caballo y la escopeta y los siguió. Les dio alcance en la Nava de Las Corriguruelas y justo al pasar esta nava el marido disparo hiriendo de muerte a la mujer, desde entonces a un pino que hay en el lugar donde ocurrió este hecho se le conoce como Pino de la Mala Mujer. El marido tras disparar a la mujer continuó tras el amante al que mato poco después, justo al final de la siguiente navilla.
Pero la realidad, más allá de estos sucesos, es que los/as serranos/as son parte de la sierra y la sierra parte de ellos/as, en una simbiosis que sólo tiene sentido cuando la naturaleza y sus habitantes se respetan, sabedores de que ambos se han necesitado para sobrevivir.
Hace muchos años los trinos de los pájaros se mezclaban con el jolgorio y la algarabía de los/as zagales/as y la vida empapaba todos los rincones del parque. Pero la necesidad de sacar adelante a una familia, la apropiación de la Sierra por quienes con dinero han pagado cacerías cuyo único propósito era abatir las piezas más codiciadas sin testigos molestos, la falta de planificación y apoyo a quienes allí vivían, hicieron que muchas familias como la de Lucía y Miguel tuviesen que coger sus escasas pertenencias y desplazarse a otras tierras que como la nuestra les ofrecía la posibilidad de sacar adelante a sus hijas. Pero los/as serranos/as son gente especial y siempre que pueden vuelven a su pequeño cortijo. Agradecen a la tierra que les acogió, pero no quieren olvidar ni renegar de sus raíces ya que forman parte de ellos/as y como ocurre con el árbol si se las quitan moriría.
Reconocer las raíces que cada pueblo tiene ayuda a comprender las de los demás. La uniformidad y la existencia de culturas o lenguas dominantes, por su posición económica o mayor desarrollo, sólo conduce a la deshumanización, a que las personas sean consideradas objetos de utilización y consumo, a la dominación y al nepotismo. Por eso defender el alma de un pueblo no significa la negación del otro, sino el respeto y la comprensión de quienes como nosotros/as y desde su forma de vivir y estar quieren ser protagonistas de su propia historia, sin que nadie les pueda imponer su criterio por contar con el poder y los medios para hacerlo.
Muchas personas me dicen que las verdaderas vacaciones son aquellas donde a uno/a todo te lo dan hecho y tu única preocupación es decidir si me levanto a las diez o a las once, o si como a las dos o a las tres. Puede que en parte tengan razón y verdaderamente lo necesiten. Pero también creo que esas vacaciones se olvidan fácilmente y al final se acaba confundiendo un año con otro. En cambio en la Sierra las sensaciones siempre te acompañan y se impregnan por la piel hasta llegar a los más profundo de cada uno/a, para de esta manera reposar al lado de los recuerdos más queridos.
En la Sierra de Cazorla, en el Cortijo de Abajo el tiempo no se mide, el tiempo se vive. Seguro que todos/as nosotros/as podemos encontrar y buscar un lugar como éste, donde junto a la naturaleza nos lleguemos a sentir vivos/as.
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