DE PRINCIPES Y CIUDADANOS
En la última visita del Príncipe de Asturias a Navarra, un grupo de ciudadanos gritó “ Viva la Republica”. En el 65° aniversario de la República de Italia y los 150 años de unión, Silvio Berlusconi se acercó al Rey de España, Juan Carlos I, que acudió a la ceremonia y lo tocó del brazo, pese a que ello está prohibido según las costumbres, acto que fue duramente criticado por la prensa monárquica. Cuando el Príncipe Carlos visitó recientemente España, visitó el centro tecnológico de Repsol , la mayor empresa petrolera de España. Mientras, la Princesa de Asturias acompañaba a la Duquesa de Cornualles al centro de adiestramiento de perros guías de la ONCE. Los hombres a los negocios y las mujeres a las obras sociales. Todo un ejemplo del tratamiento que las monarquías dan al papel de la mujer en la sociedad, anquilosadas como están en protocolos y costumbres propias de otros tiempos. Pero en cambio en los negocios reales la destreza de sus moradores llama la atención y aprovechan todas las oportunidades para labrarse un porvenir, como se decía en tiempos, tanto para ellos como para sus hijos, nietos y demás parientes que los acompañan.
En las monarquías europeas la fortuna del Rey español con 1.700 millones de euros, está sólo por detrás de la del príncipe Hans-Adam II de Liechtenstein Vaduz, que cuenta con 3.000 millones de euros en su bolsillo, y la de la Reina Isabel II de Inglaterra, dueña de 1.800 millones de euros. Significativo para quién cuando accedió al poder tenía un patrimonio exiguo, como ha sido publicado en diversos medios de comunicación.
Como buenos monarcas que son siempre velan por su pueblo, para que sus súbditos vean en ellos la estabilidad, el calor de la familia en torno al hogar y la unidad de la patria. Por supuesto acudirán a los correspondientes oficios religiosos y se dejarán ver en cuantos actos benéficos conlleven el engrandecimiento de su figura, siendo acompañados de un despliegue informativo, fotográfico y visual que agradece el negocio que se genera en torno a ellos.
Destronado Napoleón a raíz de su fracasada campaña contra Rusia y cuando las tropas francesas se retiraron de España, Fernando VII entró en Valencia el 16 de abril de 1814 y el pueblo, presa de un júbilo exaltado, se enganchó a su carroza y dio a entender al rey que anhelaba verse de nuevo sometido al yugo de antaño; resonaron gritos jubilosos de “¡Viva el rey absoluto!” y “¡Abajo la Constitución!”:
De Aranjuez a Madrid, la carroza de Fernando VII fue arrastrada por el pueblo. Cuando el rey se apeó del carruaje, la turba lo levantó en hombros, lo mostró triunfalmente a la inmensa muchedumbre congregada delante del palacio y así lo condujo hasta sus aposentos. En el frontispicio del Congreso de Madrid figuraba la palabra “Libertad” en grandes letras de bronce. La plebe corrió allí a quitarla. Llevaron escaleras de mano, fueron arrancando una tras otra las letras y, al caer a la calle cada una de ellas, los espectadores repetían sus aclamaciones.
Hoy en día las aptitudes han cambiado pero las monarquías siguen considerando a su pueblo como súbditos. Por el contrario el concepto de Ciudadanía republicana se define por varios principios. La Idea de libertad, donde el individuo puede desarrollar sus fines propios y se da una consideración positiva de la participación ciudadana en cuestiones políticas. Por la Igualdad, donde se permita corregir todas las desigualdades posibles. La Justicia, de manera que priman los derechos del ciudadano en lugar de los derechos del hombre y por lo tanto evitando las concepciones iusnaturalistas. Por la necesidad de una ciudadanía deliberativa y activa , con una participación general en la dinámica política (idea de deber cívico), pues a ello se vincula una posibilidad de realización de los individuos y la educación del ciudadano ya que el ciudadano-demócrata no nace , sino que se hace.
Por estas razones la definición de ciudadanía es incompatible con la denominada monarquía parlamentaria, sin que pueda suplir esta deficiencia democrática una carta magna que le intente dotar de una legitimidad que de origen está viciada.
Una sociedad cuando interioriza el concepto de ciudadano, no duda en salir en defensa de sus derechos cuando ha sentido que cualquier poder los ha querido limitar o encorsetar, incluso cuando al iniciar ciertas luchas se reconoce de antemano que están pérdidas y no por ello se ceja en el empeño. No importa a veces el resultado, sino si se tiene la capacidad de protestar cuando se considera que se está cometiendo una injusticia. En cambio cuando los habitantes de un País se consideran súbditos, se muestran temerosos de reclamar sus derechos y temen perder lo que tienen. No se atreven a romper con el pasado y están dispuestos a agradecer cualquier pequeño gesto que les haga participe de la grandeza de sus tutores. Dejan de pensar por si mismos y como ocurría en la antigua roma muchas veces quieren pan y circo, deseosos de que el “ Cesar “ de turno les proteja . Actúan como niños pequeños, cuando temerosos de la noche acuden al regazo de sus madres y padres, por no querer enfrentarse a sus propios miedos y responsabilidades.
Por esa razón el libro del veterano de la Resistencia francesa de 93 años Stéphane Hessel, ¡ Indignez vous !, del cual se han vendido más de un millón de ejemplares en Francia y que se dirige a los jóvenes, les anima a decir basta y a luchar contra la dejadez de la sociedad de hoy en día, porque aunque es más complicado identificar al enemigo (no como en su época, cuando existían Hitler y Stalin), sí existe y "hay que aprender a resistir" y a decir "no". Nos estamos jugando la libertad y los valores principales de la humanidad, y lamenta, el autor, que nadie esté haciendo nada para detener el deterioro de la sociedad.
Cuando en el mes de febrero se presentó un spot publicitario para animar el período de preinscripción escolar y en el mismo una niña decía que de mayor quería ser princesa, a quienes lo promovieron el subconsciente les jugó una mala pasada. No sólo se trasladaba un esquema donde las mujeres ocupan un papel secundario en la sociedad y aspiran solamente a destacar como acompañantes de sus maridos, sino que trataban de mantener en el imaginario colectivo la idea de que los habitantes de un País son súbditos y por lo tanto incapaces, por si mismos, de vivir en plena libertad ya que necesitan de reyes y princesas que los tutelen.
Publicado en diario de noticias el 15 de junio de 2011
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