LIBERTAD INDIVIDUAL Y LIBERTAD COLECTIVA
La libertad individual o autonomía individual se ha definido como aquella situación de autonomía o libertad del individuo respecto a toda fuerza coercitiva de parte de otros individuos o de alguna institución. En Derecho político, su máxima expresión en la edad moderna han sido los derechos individuales. Históricamente, en especial desde las Revoluciones burguesas del siglo XVIII y XIX, la libertad ha estado muy unida a los conceptos de justicia e igualdad. Desde concepciones de izquierda, la libertad conlleva la capacidad del individuo de realizar su propio potencial y por lo tanto necesariamente ha de conllevar la liberación de la miseria, la pobreza, la privación, o la opresión. De no ser así, nos encontramos ante una mera declaración de principios que adorna muchos de los principios que rigen a las organizaciones políticas y constitucionales de los países desarrollados.
La libertad colectiva es la que se pretende ejercer cuando un grupo de individuos conforman una asociación y entre todos dan sus opiniones, opciones o proyectos con poder suficiente para dirigir sus acciones colectivas. Por esta razón se puede entender que la libertad colectiva es la consecuencia natural de la libertad individual y el ámbito propicio para que ésta pueda ejercitarse.
Ocurre muchas veces que cuando hablamos de la libertad individual se está hablando del individualismo. El individualista considera que la consecución de sus propios objetivos y deseos es lo que debe de mover las sociedades y por lo tanto se opone a la mayoría de las intervenciones externas sobre las opciones personales, sean estas sociales o de cualquier otro tipo. En muchas ocasiones, detrás de la originalidad que puede conllevar el individualismo, nos encontramos que se convierte en una forma de escape del mundo que nos rodea; la persona se centra en sí misma y trata de no ver a su alrededor.
Tampoco se trata de sustituir al individuo por la colectividad, ni sustituir su conciencia individual por una colectiva, como en determinadas ámbitos políticos, sociales y religiosos se quiere hacer bajo la falsa premisa de que la unidad y la fortaleza de las colectividades radica en la presencia de un líder fuerte o una ideología uniformadora.
Imaginemos un árbol cuyas raíces se extienden a lo largo del suelo. Cada una de ellas independientes, pero cada una de ellas necesarias para que el mismo pueda vivir y crecer. Cuanto más se extiendan mayor será el desarrollo del árbol. Solas no representan nada, aisladas se pudrirían. En cambio cuando confluyen en un elemento en común adquieren su plenitud. De hecho todo individualismo que nace del egoísmo se transforma en una real y concreta destrucción del individuo.
La libertad individual cuando se puede desarrollar en toda su plenitud construye la libertad colectiva, pero también es cierto que la libertad colectiva permite al individuo, en muchas ocasiones, desarrollar todas sus potencialidades y se convierte en su mejor refugio .
Pero ya hablemos de la libertad individual o la colectiva, necesariamente nos hemos de preguntar si su contenido tiene un sentido finalista. Por este motivo consideramos que ambas adquieren sentido y plenitud, cuando tiene como fin el desarrollo de los derechos humanos y se convierten en una herramienta de construcción y edificación del ser humano. Ser humano que, al radicar en cada individuo con independencia de su origen o condición, exige estar en un mismo plano de libertad. Se trata de articular, como dice la teóloga Ivone Gebara, individualidad/colectividad a partir de una perspectiva englobante que descubra las íntimas interconexiones existentes.
Muchas veces se ha considerado que las democracias occidentales representan el máximo exponente del desarrollo de las libertades individuales y colectivas. Se han contrapuesto a otras formas de gobierno existentes en otros países para resaltar sus virtudes, siendo presentadas como el fruto de una mayor cultura y como las únicas garantes de la libertad. Pero si bien en muchos aspectos representan y amparan espacios de libertad, también advertimos que las mismas están fuertemente tuteladas y vigiladas por los poderes económicos. Poderes que necesitan acotar los espacios para que todo quede bajo su control, y que acuden a la legalidad como un arma de represión para aquellas personas o movimientos que se cuestionan el entorno donde viven y la influencia que el mismo tiene en otras realidades. Del orden, de su orden, hacen una virtud y no tienen ningún perjuicio en mantener en su entorno cercano capas sociales de desigualdad y marginalidad, bajo la falsa premisa moral de que la libertad individual permite a las personas que se esfuerzan alcanzar todo aquello que se proponen, sin más limitación que sus propias capacidades.
Lucio Anneo Séneca (Córdoba, 4 a. C.- Roma, 65) filósofo romano conocido por sus obras de carácter moralista dijo cuando se le preguntaba por la libertad:
“ ¿Quieres saber que es libertad? No ser esclavo de ninguna cosa, de ninguna necesidad, de ningún azar, reducir la fortuna a términos de equidad.”
Pero la libertad individual, también conlleva en el plano interior que cada individuo se libere de muchas de las ataduras que marcan nuestra forma de actuar. Sentirse libre, también para equivocarse, debería ser algo consustancial a nuestra existencia. Muchas veces el miedo a perder ciertos agarraderos, como suelen ser los económicos, afectivos, etc, nos pone el freno a nuestro propio desarrollo. Tememos tomar ciertas decisiones que supongan la ruptura de modelos socialmente aceptados y muchas veces medimos las consecuencias de nuestras acciones, en función de los beneficios económicos que las mismas tengan. No queremos arriesgarnos a ser considerados marginales por adoptar patrones poco convencionales y muchas veces nos importa más el aparentar que el ser. Por ello la libertad individual en un sentido liberador supone para todos un gran desafío. Permite al individuo desplegar toda sus potencialidades, rescatar lo mejor que cada uno de nosotros pueda tener y de esta manera también provocamos que los demás accedan cada uno a la suya. Pero la pregunta que cabe hacernos es; ¿ Estamos dispuestos a asumir este riesgo aún sabiendo que seguramente perdemos muchas de las ataduras que acomodan nuestra vida?.
Cada uno de nosotros tendrá una respuesta y en mayor o menor medida una opción. En nuestras manos están muchas de las posibilidades de que las cosas cambien y de que en definitiva la libertad individual y la colectiva se convierten, como ya hemos apuntado anteriormente, en una verdadera herramienta de construcción y edificación del ser humano.
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