viernes, 13 de enero de 2012

ARTÍCULO SOBRE EL PARO



LAS LÁGRIMAS DEL PARO


A medida que la crisis económica ha comenzado a extenderse con mayor virulencia e incidencia social, en los despachos de los/as abogados/as laboralistas que defendemos a los/as trabajadores/as, ha ido aumentando la sensación de que muchas de las personas golpeadas por esta situación añaden a su problema laboral la aparición de trastornos psicológicos generados por la situación que tienen que afrontar. La depresión es una enfermedad muy frecuente. Cerca del 20% de las mujeres y del 10% de los varones sufrirán un trastorno depresivo en algún momento de su vida. Se estima que, en cualquier momento dado, uno de cada 20 adultos se encuentra afecto de una depresión. Diversos estudios han estimado que entre el 15% y el 30% de los trabajadores experimentará algún tipo de problema de salud mental durante su vida laboral.

La falta de trabajo o la insatisfacción laboral y el estrés, unido a unas  condiciones laborales inadecuadas, están contribuyendo a la aparición de la depresión con unos indicadores que en otros tiempos no se percibían con tanta nitidez como en la actualidad o tal vez no estaban tan diagnosticados.

La pérdida del trabajo se convierte en un verdadero estigma social para quién lo sufre. En una sociedad donde la valía de las personas está en función del rol que representan, el trabajo se convierte en el verdadero eje en torno al cual giran los demás componentes que conforman nuestras relaciones sociales y personales. Encontrarse de  repente sin ese eje conlleva que aquello que hasta ese momento controlábamos, en mayor o menor medida, se convierta en la sensación de vértigo que sentimos cuando caemos por una pendiente sin control alguno y sin saber muy bien que nos espera al final. Por esta razón a medida que la crisis afecta cada vez más a los hogares, empezamos a plantearnos como el criterio económico se ha vuelto en nuestra vida el engranaje principal de nuestra felicidad y por esta razón empezamos a sufrir las consecuencias de la disminución de nuestro poder adquisitivo.

Cuando hemos perdido un empleo dejamos de ser una parte activa del entramado. Pasamos a formar parte de aquella proporción de ciudadanos que deben ser atendidos por el Estado. Mientras para unos esta situación muestra la solidaridad del conjunto de la sociedad con sus individuos, los sectores neoliberales ponen en constantemente entredicho la propia protección del desempleo, ya que consideran que cada trabajador debe ser capaz de generar sus propias oportunidades de trabajo y esta protección debe perdurar lo menos posible.

Muchas veces hemos oído, en nuestros despachos, las experiencias profesionales de personas que han pasado de tener una vida laboral intensa a encontrarse en el paro. Cuando estaban en el momento más fecundo de su actividad laboral, se sentían parte de las empresas donde trabajaban. Hablan de ella en primera persona. Pero como pasa con los cítricos, una vez  que se ha exprimido todo su jugo lo que queda está seco y carece de  un interés inmediato. A veces alguien decide que  un trabajador lleva demasiado tiempo en un sitio y que debe ser sustituido. Se espera cualquier fallo para justificar un cambio o un traslado, o simplemente se ha decidido que se necesitan otros frutos que exprimir. Se utilizan términos como la productividad, la globalización, la empleabilidad, eufemismos que sirven para enmascarar que la consecución o el mantenimiento de los beneficios es el único propósito  que subyace tras la generación o el mantenimiento del empleo.

La inestabilidad de la situación económica provoca, para aquellos que la están sufriendo, un profundo malestar que tiene reflejo tanto en sus comportamientos exteriores como en los interiores. La familia se convierte en un refugio para la persona que ha perdido su empleo, pero también en quién en primer lugar sufre las consecuencias del mismo. La irascibilidad y el mal humor se ceban con aquellas personas que más cercanas se encuentran a nosotros. Además otros factores, como el alcoholismo, afloran con mayor intensidad en esta situación.
 La Asociación Alcohólicos Anónimos ha constatado el aumento de la adicción a la bebida durante los dos últimos años con motivo del paro. Desde la Unidad de Alcohología del Hospital de Sant Joan de Alicante se aseguraba que hasta hace unos años, las personas que vivían en ambientes marginales suponían el 50% de los pacientes. Ahora en cambio y a raíz de la crisis, se observaba que los pacientes tratados provienen de la clase media-alta. Constructores, empresarios… los nuevos adictos al alcohol son gente muy relacionada con los problemas económicos actuales, en una situación que recuerda mucho a la crisis que se vivió a principios de los años 90. Se atiende a personas que han pasado de vivir por todo lo alto a cobrar 400 euros de subsidio o que directamente han perdido todo su dinero.

La posibilidad de encontrar un trabajo se convierte para muchas personas en una quimera a corto o medio plazo, ya que todavía se sigue destruyendo empleo. La dificultad de afrontar el día a día, con la vaga esperanza de una llamada telefónica que te permita volver al mercado de trabajo, se convierte  en una agonía sin fin. Un pulso contra si mismo donde las fuerzas poco a poco van desvaneciéndose y donde la autoestima deja paso a la duda. Ya no sólo se duda de la capacidad de la economía de crear puestos de trabajo, sino de si uno mismo está capacitado para reintegrarse al trabajo o si va a tener conocimientos y valía para adaptarse a estos nuevos tiempos y las necesidades laborales que se exigen.

En los despachos hemos visto personas que cuando acuden por primera vez tienen el ánimo alto, pese a que han perdido un empleo o llevan varios meses sin cobrar su salario. Pero al cabo del tiempo y conforme transcurren los meses, su mirada se va apagando y el desanimo preside sus gestos y expresiones. Otras veces y conforme te van contando sus problemas, los ojos se les humedecen y un hilo de voz desgrana los sinsabores de una vida laboral que de repente se ve truncada. No eres su solución y únicamente puedes transmitirles que dentro de lo que la ley permite intentarás obtener lo máximo que se pueda. Pero sabes que deberán esperar un plazo de tiempo que demasiadas veces se prolongará durante más de un año. Poco consuelo para quién necesita que la justicia sea ágil.

Según los últimos estudios realizados, la  última recesión económica ha supuesto que 35 millones de personas se añadan a las listas del paro y que otros 60 millones entren dentro del círculo de la pobreza. En total más de cien millones de personas, más de cien millones de lágrimas y más de cien millones de preguntas que esperan respuesta.

Enviado a diario de noticias el 12 de diciembre 2010, publicado el 14 del mismo mes del 2010

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