El pasado 27
de diciembre el Arzobispo de Pamplona hizo acto de presencia frente a la sede
de la clínica donde se practican las IVE. De esta manera se unía a la
convocatoria efectuada por la Plataforma Alerta Navarra. Esta Plataforma
mantiene desde hace meses su protesta por el ejercicio de un derecho legal que
se lleva a cabo en este centro desde hace dos años. Su presencia supone un
posicionamiento claro por parte de un representante de la jerarquía eclesial ,
que se encuentra muy alejado de las posturas que deben tener los cristianos
ante las realidades sociales actuales.
Vivimos en sociedades plurales y
multiculturales. Las creencias, vivencias y expresiones espirituales son tan diferentes y
en el fondo tan enriquecedoras, que pretender imponer por la vía legal unas
creencias morales propias, cuando se trata de respetar el derecho a la
maternidad de la madre y los derechos del nasciturus ( el concebido pero no nacido), exigen al
menos un consenso generalizado en la sociedad que evite la conversión de un
derecho en una mancha y vergüenza
social. En una sociedad abierta y plural, el Estado no puede regular los
distintos espacios de la convivencia social desde los principios de ninguna
moral particular, ni interferir en la conciencia moral de las personas. El derecho que ha de regir la vida social
deberá basarse en aquellos valores morales que sean socialmente compartidos.
En la
historia, las posturas en torno al
aborto han sido cambiantes. Sócrates, defendía que el aborto fuera un derecho materno. Hipócrates
en cambio lo negaba. Platón recomendaba el aborto a las mujeres embarazadas
mayores de 40 años y Aristóteles
mantenía que el feto se convierte en 'humano' a los 40 días de su concepción,
si es masculino, y a los 90, si es femenino. En Roma el aborto estaba
permitido; aunque, sin embargo, sí se le reconocían derechos. Por ejemplo, si
la mujer embarazada estaba condenada a muerte, la ejecución se posponía hasta
el nacimiento. En el siglo II encontramos el primer registro de leyes
promulgadas por el Estado contra el aborto decretando el exilio contra madres y
se condenaba a los que administraban la pócima abortiva a ser enviados a
ciertas islas si eran nobles o a trabajos en las minas de metal si eran plebeyos.
Pero a principios del siglo XX, muchos
países empezaron a despenalizar el aborto cuando éste era efectuado para
proteger la vida de la madre, y en algunos casos para proteger la salud de la
madre. Desde finales de la Segunda Guerra Mundial, en casi todos los países
industrializados la normativa acerca del aborto comenzó a ser liberalizada y
desde la década de los 50, la mayoría de los países ex socialistas de Europa
central y del Este consideraron al aborto como un acto legal cuando se
practicaba en el primer semestre del embarazo y a solicitud de la mujer
embarazada.
La mayoría de
los países del mundo permiten el aborto en ciertos casos. Actualmente, el 62%
de la población mundial vive en 55 países donde el aborto inducido está
permitido, ya sea sin restricciones en cuanto a su causa, o por razones
socioeconómicas; mientras que el 25% vive en 54 países que lo prohíben
completamente o lo permiten sólo para salvar la vida de la mujer”.
Además la no
punibilidad del aborto no significa que en estos países el aborto sea
más frecuente que en los que sí lo castigan; por el contrario, la legalidad del
aborto, acompañado con una buena educación sexual , y un amplio acceso a
métodos anticonceptivos favorece que ocurran pocos abortos. Un ejemplo de esto
es Holanda, que es el país con menor frecuencia de abortos del mundo (12,7% de
los embarazos).
Igualmente
la posición científica mayoritaria en torno a este asunto señala que el embrión
de 12 semanas no es un individuo biológico, ni mucho menos una persona: carece
de vida independiente, ya que es totalmente inviable fuera del útero. El
desarrollo del cerebro está apenas en sus etapas iniciales y no se han
establecido las conexiones nerviosas que caracterizan al ser humano. El
embrión, por tanto, no experimenta dolor ni ninguna otra percepción sensorial.
Pero mientras
el consenso sobre este tema va ganando espacios, la jerarquía eclesiástica no quiere
comprender lo que significa una sociedad democrática y un pluralismo ideológico
y moral. No le importa la autonomía de las mujeres y supedita su dignidad a una visión masculina
de la maternidad. Además no tiene en cuenta el sufrimiento que ocasiona cuando les ha obligado a ser madres contra su
voluntad.
La mujer no es
solo un ser biológico cuyo cuerpo cumple
unas funciones sexuales y reproductivas. El cuerpo de la mujer es inseparable
de su ser de persona y por tanto, de su dignidad, su autonomía, su libertad de
conciencia y sus derechos, por lo que su dimensión biológica y su dimensión de
persona, sujeto de derechos y libertades, son inseparables. Como hemos dicho
sobre el comienzo de la vida no se
pueden hacer afirmaciones ni negaciones rotundas. Decidir en qué momento se puede hablar de
vida humana es, aún, un tema abierto.
Lo que se
llega a percibir es que el interés de la iglesia está básicamente centrado, no en la mujer
como ser humano, sino como simple receptáculo, y como productora de nuevas
vidas, desentendiéndose del respeto por su
dignidad como personas y por la
autonomía de su libre conciencia.
Tampoco
se puede identificar la postura adoptada por el Arzobispo con el mensaje de Jesús
de Nazaret. Nadie,- excepto cuando se
aplican dogmas no incardinados en la esencia de la persona, sino que más bien son el fruto del ansia de mantener el control
y el poder de las sociedades-, puede
imaginar a un Jesús que estaría en el lado de la acera donde se ubicó el Arzobispo
de Pamplona. Por el contrario acompañaría en esos momentos tan difíciles y
duros a aquellas mujeres que decidiesen que no era momento para su maternidad,
respetándoles en su decisión fuese la de mantener el embarazo o su
interrupción, porque tan digna y humana es una opción como la otra cuando
ambas son fruto de una reflexión serena, evitando de esta manera los dilemas
morales que tanto sufrimiento causan en la mujer.
La
vida no se defiende rezando frente a una clínica. La vida se defiende
denunciando las injusticias, sus causas y motivos, promoviendo los ámbitos de
solidaridad con los que más sufren, compartiendo la diversidad de creencias
sean o no religiosas y las culturas de
cada pueblo, respetando la integridad moral de las personas y promoviendo
aquellos cambios sociales que sean en beneficio de una mayoría . Pero para
hacer esto hay que enfrentarse con el poder y a su Excelentísimo y
Reverendísimo esto le incomoda. Es más sencillo rezar frente a una clínica.