EL NEGOCIO DE LA EDUCACIÓN
| Hoy hace mucho calor y si bien suelo desplazarme a pie, he decidido coger el autobús para ir a casa. Después de estar toda la mañana sentando delante de un ordenador y aunque hay asientos libres, permanezco de pie. No acabo de entender cómo cuando nos montamos en un autobús hay una especie de competición para ver quién coge un asiento. Enfrente mía y en un solo asiento se sientan dos mujeres. Una es muy joven, apenas tendrá 16 años, de tez blanca, su mirada es alegre y sus gestos joviales. A su lado una mujer de unos cuarenta años. Ella en cambio es muy morena, ojos marrones oscuros y por su aspecto puede ser árabe o hindú. El autobús reinicia su marcha y en la siguiente parada una señora mayor se incorpora. Da cuatro pasos y mira a derecha e izquierda. Nadie se mueve ni hace un gesto de cederle su asiento. La mujer morena mira a su compañera y con un leve gesto le pide que se levante, haciendo un ofrecimiento a la señora mayor. No ha empleado ninguna palabra pero todo se ha entendido. La señora mayor no ha dicho nada y ni siquiera ha dirigido una mirada amable a quién le ha cedido el asiento. Tal vez ha pensado que tenía derecho a poder sentarse y más si quién lo ocupaba era una extranjera. La educación se ha definido como el proceso multidireccional mediante el cual se transmiten conocimientos, valores, costumbres y formas de actuar. La educación no sólo se produce a través de la palabra: está presente en todas nuestras acciones, sentimientos y actitudes. Así a través de la educación, las nuevas generaciones asimilan y aprenden los conocimientos, normas de conducta, modos de ser y formas de ver el mundo de sus antecesores, creando además otros nuevos. Pero la educación adquiere todo su sentido si lo que se transmite conlleva el respeto a los demás, no porque coincidan con nosotros en su manera de ser o pensar, sino por su propia condición de persona merecedora de toda nuestra generosidad y empatía. Cuando Confucio , filosofo chino , decía que la naturaleza hace que los hombres nos parezcamos unos a otros y nos juntemos y la educación hace que seamos diferentes y que nos alejemos, seguramente quería desterrar la idea tan arraigada de que la educación es un cúmulo de normas y formas de pensar que deben estar homogeneizadas en función de las necesidades colectivas, una especie de chaleco salvavidas que nos mantengan a flote y nos evite tener que enfrentarnos a los/as otros/as en el terreno de la igualdad. El sector de la educación lejos de formar personas, se ha convertido en una actividad que mueve en el mundo dos billones de dólares. En la actualidad, el sector privado gestiona una quinta parte del total. Sus argumentos son la eficacia, la innovación y su adaptación al mercado laboral, pero al mismo tiempo la privatización de la educación ha profundizado en las diferencias sociales allí donde más se ha implantado, mientras que los valores humanos propios de la educación se sacrifican en aras de los criterios económicos, con dudosos resultados para la formación integral de las nuevas generaciones. En el mundo universitario, la presión de las empresas informáticas y de telecomunicaciones revaloriza algunas de las titulaciones y sacrifica a otras no menos importantes. A mediados de los años noventa, la mesa redonda de los industriales europeos ya señaló el profundo abismo que separa a la educación necesaria para un mundo tan complejo como el actual y la educación recibida en colegios y universidades. La educación se ha convertido por ello en objeto de una amplia y profunda controversia política. El sector privado, que ha basculado en torno a las escuelas confesionales o las ONGs, considera que el sector público educativo está ya maduro para la liberalización . España, uno de los países de la UE-15 (el grupo de países de la UE de nivel de desarrollo económico semejante al nuestro) con mayores desigualdades sociales, tiene el sistema educativo más polarizado por clase social existente en tal grupo de países. Las familias de renta superior del país – entre un 30 y un 35%- envían a sus hijos a las escuelas privadas concertadas (la mayoría gestionadas por la Iglesia católica, institución que en España siempre ha ofrecido el sostén ideológico a las clases dominantes) y el 65-70% restante de la población, que se define como las clases populares, es decir, la clase trabajadora y las clases medias de rentas medias y bajas, envían a sus hijos a las escuelas públicas, donde se concentra la mayoría de los hijos de los inmigrantes (92%). Naturalmente, no hay una impermeabilidad social entre los dos tipos de escuelas, la pública y la privada. En Suecia y Finlandia (países que el informe PISA –que mide la calidad de la enseñanza– considera como los que tienen el mejor sistema educativo), sólo el 4% de estudiantes van a la privada. En España es el 30-35%. En realidad, el sistema educativo dual (privada versus pública) de España reproduce la estructura social del país, formando dos tipos de ciudadanos: los de primera y los de segunda clase. Y los primeros acceden a estudios superiores (como los universitarios) en porcentajes mucho mayores que los segundos. Además, existe la necesidad de la formación continua, de la hiperformación. Antes bastaba con tener una carrera superior para asegurarse un buen puesto de trabajo. Ahora, la competencia ha hecho que la posesión de un título no sea suficiente, haciendo crecer la demanda de formación de postgrado e incluso la necesidad de obtener más de un título superior. Así el Colectivo Baltasar Gracián, formado por profesores de la Comunidad de Madrid que surgió, en septiembre de 2001, alrededor de la publicación del artículo «El desmantelamiento de la Enseñanza Pública en España », en la edición española de Le Monde Diplomatique, señala en un artículo que tanto la Dirección General de la Comisión Europea de Educación, la Mesa Redonda de los Industriales Europeos, la OCDE, el Banco Mundial, la OIT, la OMC, pretenden que la escuela esté al servicio de la empresa. Todos coinciden en que la educación debe formar trabajadores flexibles, polivalentes, móviles y reciclables, capaces de adaptarse a la desestructuración del mercado de trabajo y de oscilar entre el paro y la reconversión continua. Los objetivos cognoscitivos pasan a segundo plano., La pedagogía se pone al servicio de la estimulación de compra por unos consumidores, que, dada su edad, serán ya fieles durante toda su vida. La mercantilización de la enseñanza está en marcha. El resultado más grave de todo ese proceso es que fomenta un individualismo pernicioso, la falta de capacidad crítica y la pérdida de derechos sociales y laborales. Llego a casa y mis hijos están viendo la televisión, les saludo pero no recibo ninguna respuesta. Su atención está concentrada en una serie juvenil. Pienso que la educación comienza por nuestro entorno más cercano y no podemos delegar esta tarea. Enviado el 19 de octubre a Diario de Noticias. Publicado el 2 de noviembre de 2009 en Diario de noticias en la sección de Tribuna Abierta. | q |
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