TODO A CIEN: CHANEL Nº 5
La mañana estaba soleada y como todos los días me dirigía al trabajo andando y siguiendo el mismo camino. Muchas veces las personas con los años nos volvemos un saco de costumbres y perdemos la capacidad de improvisar. En la excelente película "Revolutionary Road" ,los protagonistas Frank (Leonardo DiCaprio) y April (Kate Winslet), debían de resolver la duda de si en las relaciones modernas de pareja pueden dos personas romper con la rutina sin romper entre ellos. Esta misma pregunta nos surge cuando vemos como la rutina diaria nos arrastra a una forma de vivir donde pocas cosas quedan fuera de lo previsible.
En el cruce de la Calle Tafalla con la Avenida de Carlos III tropecé con una persona, provocando que la carpeta que llevaba cayese al suelo y se desperdigasen unos cuantos folios. Le pedí disculpas por mi torpeza y con rapidez comencé a recogerlos. Ella me dijo que no pasaba nada. Mientras, una leve sonrisa se dibujaba en su cara. Fueron unos pocos segundos pero la curiosidad y a veces los comentarios de mis compañeras de trabajo, provocó que me fijase en su aspecto. Llevaba unos zapatos a juego con un bolso Louis Vuitton, unas gafas Ray-Ban, un tapado de pana negra Maxmara y en su muñeca derecha lucía un reloj Longines Dolce Vite. Su estilo denotaba un gusto cuidado en la elección de su atuendo.
Apenas había recorrido unos metros y manteniendo en la retina la imagen descrita me vino a la cabeza un informe de UNICEF sobre la explotación infantil en el tercer mundo. Esta organización denunciaba que alrededor de 246 millones de niños y niñas son sujeto de explotación infantil en el planeta y al menos tres cuartas partes (171 millones) lo hacen en condiciones o situaciones de peligro. Concretaba el informe que en el Sur de Asia se estima que trabajan 100 millones de menores y el 20 % trabaja jornadas de 12 a 14 horas diarias percibiendo entre 15 y 20 euros al mes, 10 veces menos que un adulto, siendo habitual en las curtidurías y en el sector del textil. Se apuntaba que la fuerza más poderosa que conduce a los/as niños/as al trabajo peligroso y agotador es la explotación de la pobreza. Los progenitores de los/as menores están, a menudo, desempleados/as y desesperados/as por conseguir un empleo. Sin embargo, no son ellos/as sino sus hijos/as quienes reciben las ofertas de trabajo.
Moraleja: los/as niños/as tienen un empleo porque son más fáciles de explotar.
Paradójicamente los programas de ajuste estructural impuestos a las economías de los países no industrializados por el Banco Mundial y el FMI ocasionaron recortes del gasto social que golpearon brutalmente a los/as pobres. En Zimbawe, por ejemplo, un informe de la OIT ha ligado la explosión del trabajo infantil directamente al impacto del programa de ajuste estructural en el país “aconsejado” por el FMI.
Si estos datos son suficientemente conocidos y a menudo los podemos ver en los medios de comunicación, la pregunta que surge es inmediata, ¿ Por qué teniendo toda esta información seguimos mirando hacia otro lado, sin preguntarnos donde está el origen de toda esta calamidad y sentimos un cierto grado de envidia respecto a aquellas personas que destacan por su aspecto personal , posición económica o prestigio social ?
En un mundo globalizado como el nuestro, la ignorancia no es excusa ni consuelo para no asumir la parte de responsabilidad que tenemos en esta explotación infantil, tantas veces denunciada y que nos permite acceder a una serie de objetos cuyo coste económico se basa en la misma.
Leonardo Boff , teólogo, filósofo y escritor nacido en Brasil, conocido por su apoyo activo a los derechos de los pobres y marginados dentro del marco de la Teología de la Liberación, y además al movimiento ecologista, escribía recientemente que “…con los recursos técnicos, financieros y con la infraestructura material creada por la globalización, tendríamos posibilidades de socializar un modo de vida sostenible para todos. Viviríamos más, con menos. Pero, como somos culturalmente bárbaros y éticamente sin piedad, no estamos tomando esta decisión política. Preferimos tolerar que mueran millones antes que cambiar el rumbo. Y así, gayamente, continuamos consumiendo sin conciencia de que bien pronto, por delante, nos espera un abismo.”
Hace poco leía un artículo donde ideólogos del neoliberalismo decían que el trabajo infantil es el peaje que deben de pagar sociedades en desarrollo, como ocurrió en occidente a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, para poder alcanzar un nivel de desarrollo industrial que les permita tener peso en el concierto económico mundial. Lo que echo en falta es que quienes divulgan estos conceptos no cojan a sus hijos e hijas, los/as pongan en un avión con destino al Sudeste Asiático para que trabajen en una nave esas jornadas interminables y de esta manera justifiquen con los hechos lo que alegremente se teoriza en foros y se traslada a la sociedad como un dogma.
¿No será acaso que piensan que sus hijas e hijos son distintos/as y tienen una serie de derechos que no corresponden a las/os hijos/as de los asiáticos, africanos o latinoamericanos?
Atravieso la Plaza de la Cruz y en un banco situado cerca de los baños públicos varios hombres y una mujer están hablando. Son asiduos de este espacio cuando el tiempo es bueno. En el suelo, de un enorme aparato de música sale una canción que no adivino a reconocer. A izquierda y derecha de uno de los bancos hay varias cajas de vino barato y botellas de refresco. Algún rastro de pan y de comida que dejan caer es picoteado por un grupo de palomas. La conversación que tienen y las palabras que utilizan son duras y cortantes. Sus rostros reflejan vidas marcadas por el dolor y la soledad. Sólo tienen el presente, han perdido el pasado y no tienen ningún futuro. No aparentan una edad definida y las ropas con las que cubren sus cuerpos son atuendos viejos y usados. No despiden ningún glamour, ni provocan ninguna envidia y la mayoría de las veces aceleramos el paso ante su presencia, temerosos de su cercanía. Podemos decir, utilizando una expresión muy actual, que en su caso el ERE es para siempre y sin derechos.
Paradójicamente en el mundo que vivimos somos capaces de admirar una obra de arte, sentir y llegar a comprender lo que un artista ha pretendido transmitirnos, emocionarnos con una interpretación musical y ver lo que hay detrás de un paisaje, pero no nos sentimos ni interpelados ni señalados cuando con nuestra indiferencia y desidia condenamos a la pobreza y deshumanización a Países enteros y a colectivos cercanos.
Utilizamos una moral que asemeja a una moneda con dos caras iguales. Por muchas veces que lancemos la moneda el resultado será el mismo. En el fondo deseamos vivir cómodamente y llegamos a pensar que con nuestro trabajo y esfuerzo nos lo merecemos. Hemos sido afortunados/as en el juego de la vida y de esta manera dejamos que nuestras sociedades sigan un rumbo que creemos que es el normal.
Si miramos a nuestros/as hijo/as, vemos en ellos/as parte de nosotros/as mismos/as y por eso queremos lo mejor para ellos/as y si percibimos que alguna situación les hace daño les protegemos. Deberíamos darnos cuenta de que ellos/as podían ser parte de esos 246 millones de menores explotados. Su única diferencia es que han nacido aquí y no en África, Asia o Lationoamérica o en cualquiera de las zonas ó barrios marginales que existen en todas nuestras ciudades y pueblos.
De repente me acuerdo que necesito una grapadora para la oficina y sin apenas darme cuenta entro en una tienda donde un dependiente de rasgos asiáticos me atiende. El precio es realmente barato, un euro. Cuando salgo de nuevo a la calle miro la procedencia del producto y veo que pone “ Made in Taiwan “. Me acuerdo entonces de la dama de gusto refinado y no me veo tan distinto.
Publicado el 20-4-2009. Diario de Noticias. Tribuna de Opinión. El 24 de abril el diario de noticias de Alava
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