Llevo varias semanas durmiendo mal y los últimos días apenas puedo conciliar dos horas seguidas de sueño. Me parece estar viviendo un espejismo, una pesadilla constante que no tiene sentido ni fin. Una de esas historias que piensas que sólo les pueden pasar a otras personas, pero nunca a uno mismo. Cuando desde el gabinete de prensa me traen los periódicos y me pasan los resúmenes de los informativos, no se que nueva sorpresa me espera. Que artículo mordaz me humillará. Que imagen sacarán o con que declaraciones tratarán de exculparse de toda responsabilidad y dejarme sola.
Hace años me advirtieron de que la política tenía estos reveses, muchas veces crueles y a traición. Pero pese a todo decidí dar el salto, arriesgar lo que tenía y lanzarme al ruedo. Quería defender Navarra, sus buenas gentes, su españolidad. Hacer de este lugar la tierra prometida, donde las empresas, la universidad y la sociedad fuesen al unísono. La nueva Suiza de Europa, entregada al desarrollo y al progreso. Y para hacer todo esto tenía que ser ambiciosa, pues la ambición es una virtud y ha sido, al fin y a la postre, lo que siempre ha movido al mundo y a las personas. Merecía la pena y pensaba que al final el sacrificio daría sus frutos.
Recuerdo aquellas procesiones de San Fermín donde en la Calle Mayor, los buenos pamploneses me aplaudían, y me decían guapa. Había conseguido que la ciudadanía estuviese conmigo y cuando me acercaba a la calle Calderería y me silbaban e insultaban los de siempre, más convencida estaba de que lo que hacía estaba bien. Yo tenía controlada la ciudad, la cultura, el arte, las asociaciones, el deporte y muchas organizaciones sociales. Todos aquellos que mostraban su rechazo, eran fáciles de etiquetar. Vascos, alborotadores, antiprogreso, amigos de los etarras, asesinos, antisistema, anticonstitucionalistas. Además había conseguido lo más difícil. Pactar en Madrid con un partido y en Navarra con otro, aunque para ello tuve que aguantar durante un año a un vicepresidente que era un político mediocre. Un día decía una cosa y al día siguiente la otra. Era tan débil como las siglas del partido que representaba y ahora, para mi espanto, se da golpes de pecho cuando habla de las dietas que cobraba.
No se si merece la pena seguir. El otro día me llamo Enrique y me dijo que sintió un gran alivio al decir que devolvería todo lo que había cobrado. En casa estaban hartos de ver su nombre en la prensa, de que los vecinos murmurasen a su paso. No había hecho más que trabajar y algunos se habían olvidado de eso.
Pero lo que más duele es la actitud que han tomado en el partido. Aunque no me sorprende. Siempre pensé que los patas negras me consideraban una advenediza. Ellos representaban la esencia, la raíz que había brotado desde dentro de la sociedad navarra, como contrapoder al nacionalismo y a las ambigüedades que había mostrado en su momento UCD y un PSOE que en sus orígenes juntaba a navarros y vascos. Por eso cuando leo los titulares del periódico de Cordovilla y sus editoriales, se que están aprovechando la situación para derribarme. En el fondo navarra les importa poco, solo quieren mantener su situación de privilegio, ser quienes marquen la política y las decisiones que se tomen por el gobierno. Buscan un acuerdo desesperado con el PSN, a cualquier precio, sin importarles las deslealtades que tuvieron mientras estuvieron en el gobierno. Mi apuesta por Mariano se que al principio podía ser arriesgada, cuando Miguel había establecido un acuerdo con los socialistas para evitar que el nacionalismo vasco pudiese acceder al poder. Pero estoy convencida de que al final daría su resultado y dentro de unos años, cuando la crisis remitiese, nuestra situación sería mejor y por fin esta sociedad tan marcada por los clichés del pasado pasaría a ser una sociedad moderna y equiparable a las sociedades más abiertas y liberales , donde lo importante serían las personas y el estado quedaría en un plano secundario.
La figura de Margaret Thatcher siempre me llamó la atención. Su poder, capacidad de liderazgo y ambición me seducían desde que tuve ocasión de seguir su trayectoria política. Además era una mujer que se había abierto paso en un mundo que había sido controlado por hombres. No se lo que pasará el domingo. Aquellos que hace unos meses me llamaban constantemente para preguntarme como iba lo suyo o si iba a mantener la subvención aprobada, ahora no quieren coger el teléfono. Otros me dicen que toda está muy confuso y que a última hora decidirán su voto. Que me aprecian, pero que el aparato del partido y mi antecesor tienen tomada una decisión y que ya no cuentan conmigo. Pero siempre he luchado y no me rendiré. Y si al final pierdo hare valer que soy la Presidenta del Gobierno y tomaré las decisiones que estime oportuno, sin verme condicionada por nada ni por nadie. Esa satisfacción no me la quitará nadie.
Vuelvo a casa. Estoy muy cansada. Encima de la mesa del comedor hay un periódico donde aparece una foto mía. Pese al maquillaje se nota que los acontecimientos me pesan. En la estantería de la izquierda encuentro una cinta de video. Me gusta ver el cine en casa. La película se titula “Cartas desde Iwo Jima “. Me siento como uno de los protagonistas, el general Tadamichi Kuribayashi. Sabe que si la isla cae en manos enemigas, servirá de base para que los aviones bombardeen el suelo patrio. Cada día que se pueda defender es un día menos de sufrimiento para la población, esa era su consigna. Sabe que va a morir pero su amor por la patria le exige a él y a sus soldados dejar su vida. En este trance, una catara de sentimientos y recuerdos le abordan y le empujan a escribir, aunque su destino está ya escrito. El mío creo que también.
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